miércoles, 8 de febrero de 2012

La brecha digital

El concepto de brecha digital ya se planteó en 1996 como desigualdad en el acceso a la información. Trejo Delarbre, en ¨Vivir en la Sociedad de la Información. Orden global y dimensiones locales en el universo digital¨, presenta datos de fines de 2000 que indican que Internet tenía entonces unos 400 millones de usuarios en todo el mundo.
Según Internet World Stats http://www.internetworldstats.com/stats.htm, a fines de 2011, ese valor alcanzó los 2267 millones. Por supuesto, esos valores no adquieren su verdadera dimensión hasta que se los expresa en relación a la población mundial, resultando que un tercio de los habitantes del mundo está hoy en día conectado a Internet. Y esto representa un enorme crecimiento desde 2000 al 2011.
Sin embargo, al desglosar los valores para las distintas regiones del mundo, se evidencia la brecha digital entre ellas. Así, se ve que en Norteamérica casi el 80 % de la población está conectada, aunque sólo representa el 12 % de los usuarios mundiales. En el otro extremo, en África sólo el 13 % de la población tiene acceso a Internet y, aunque ha crecido casi un 3000 % en el período 2000 – 2011, representa sólo el 6 % de los usuarios mundiales.
Esta brecha digital es un fiel reflejo de las desigualdades existentes a nivel mundial. Incluso, según World Resources Institute (2000), citado por Trejo, lejos de atenuar las desigualdades en el planeta, la brecha digital las está profundizando.

Rizomas

Acá estoy nuevamente, esta vez para comentar algo que me gustó de Burbules y Callister, en el capítulo 3 de ¨Educación: riesgos y promesas de las nuevas tecnologías de la información¨. Los autores citan a ¨Rhizome¨, de los franceses Gilles Deleuze y Félix Guattari, publicado en 1983. Ellos hacen la analogía entre los distintos tipos de raíces y los distintos tipos de textos.
Así, asocian los no-hipertextos a las raíces de los árboles, que presentan una raíz principal, de máxima jerarquía, y raíces secundarias de menor jerarquía. El texto discurre indiscutiblemente por un recorrido dado por la raíz principal. Por supuesto, existe la posibilidad de abandonar ese recorrido, pero sólo para ir por un camino secundario que necesariamente depende de la raíz troncal y que presenta, más lejos o más cerca, un cul de sac. Y, una vez allí, no queda otra opción al lector del texto más que terminar allí la lectura o desandar lo recorrido por el camino secundario y volver al trayecto troncal.
Por otro lado, los autores hacen la analogía entre los hipertextos y los rizomas de algunos pastos, en cuanto carecen de estructuras jerárquicas obligadas entre texto principal y textos secundarios. Más bien, constituyen un entramado que permite ir y venir por distintos caminos, todos interconectados, pero sin tener que seguir necesariamente una secuencia dada de lectura.
Ahora bien, Deleuze y Guattari plantearon lo anterior para analizar las distintas maneras de leer un texto. Al momento de su publicación, 1983, no existían aún los hipervínculos a otros textos, o a imágenes, audios, videos, etc, es decir hipermedios. Burbules y Callister toman el concepto de rizoma y lo amplían, precisamente, a hipertextos en particular o hipermedios en general. Y porqué no aplicarlo a la construcción del conocimiento. Pero del conocimiento no frágil, sino el que permanece, el que implica comprensión, el que justamente se logra solamente a partir de recorrer los distintos caminos posibles, cada uno a su tiempo, estableciendo las distintas relaciones posibles entre ellos. Esas relaciones constituirán la base para evitar la fragilidad del conocimiento y así lograr la verdadera comprensión.